Apunte sobre el Arte Real (ars regia)

Por Filectio - 16 de Septiembre, 2005, 13:58, Categoría: Hermética

El tema del Arte Sagrado de las tradiciones religiosas como secreto subyacente bajo la simbología alquímica, al que entonces se le llama Arte Real (ars regia), es origen de un debate encarnado entre los que aceptan esta visión y los que no.

Como ejemplo de esto, traigo a colación dos visiones bien distintas:

Lucien Gerardin: El Arte Real.

Titus Burckhardt: El Arte Real.

Reinhard Federmann, por su parte, dice, relacionado con este tema: «También para los primeros alquimistas, los griegos de Alejandría, el oro era ciertamente algo tangible, algo material. Pero al mismo tiempo, en su búsqueda de un sistema para producir artificialmente oro, se convirtieron paulatinamente en una especie de escuela teológica oculta. Trataron de amalgamar la filosofía naturalista griega, la técnica egipcia y la astrología y astronomía babilónicas con la metafísica judeocristiana y encontrar así un camino para llegar hasta los orígenes de la existencia y la razón de las cosas.

Buscaron el oro interior y lo encontraron en la perfección humana. El punto de partida de esta nueva concepción científica por parte del alquimista fue el convencimiento de que Dios sólo confiaría el secreto a quien hubiera alcanzado el más alto grado de perfección humana.

En el mundo de los símbolos que entonces se crearon –la serpiente que se muerde la cola, el león rojo y verde, el monocerote, el hermafrodita, criatura perfecta por llevar en sí caracteres masculinos y femeninos, el ave fénix que resurge de sus cenizas, el dragón que ha de ser sacrificado para convertirse en un ser superior–, los alquimistas obtuvieron una victoria y sufrieron una derrota.»


Obsérvese que L.Gerardin no niega la existencia de tal Arte Regio, pero no lo reconoce como ciencia, como Alquimia propiamente dicha; que T.Burckhardt rechaza la idea de la Alquimia como ciencia empírica, es toda ella Arte Real (o casi); y que R.Federmann no se complica, sencillamente reconoce que hay una alquimia científica, empírica, y una alquimia de fe, de creencias doctrinales, a partir de la época alejandrina... significando, esta última, una victoria (moral) y una derrota (científica), ya que con ella el progreso científico inicial se extinguió ahogado en oraciones, astrologías, conjuros, magias, supersticiones... es lo que calificará Fulcanelli de «¡Anatema y maldición!» en su capítulo del Laboratorio legendario. Un Fulcanelli que no acepta a Paracelso como verdadero alquimista, como digo aquí, y que no dedicará ni una línea de sus obras, de forma directa, a este llamado Arte Real... lo condenará sutilmente, cuando analice y rechace las sociedades rosacrucianas en Las Moradas Filosofales...

Estamos, casi sin darnos cuenta, en uno de los más gruesos nudos gordianos que sellan la puerta de entrada al laboratorio verdadero de la Alquimia. Los cerrojos de esa puerta son, esencialmente, los siguientes: creer que la Alquimia es una ciencia química, bajo cualquiera de sus formas; creer que la Alquimia es sólo espiritual, bajo cualquiera de sus formas. Sin embargo, dado el carácter universal del Andrógino, ambos errores no sellan per aeternitas el acceso... pero sería, como decían los antiguos Autores, cuestión de revelación divina, de una gracia de Dios que los iluminara y sacara de su error para orientarlos en la dirección correcta... Los antiguos filósofos naturales (physis, naturaleza), desarrolladores de las teorías de la materia prima, los cuatro elementos, el par de fuerzas opuestas y antagónicas, etcétera, eran llamados physicois, es decir, Físicos... y sus teorías se confirman experimentalmente no sobre una materia en concreto (al menos no necesariamente), sino sobre una Fuerza, que llamarán Virtud, de carácter absolutamente universal. Georges Ranque, en su libro La Piedra Filosofal, la llamará Energía misteriosa; no deja de ser curioso, desde mi punto de vista, que siendo Ranque un científico, no se diese cuenta de qué tipo de fuerza es el objeto de estudio de la antigua alquimia como ciencia. El Sol, la Luz, la Luna, el Cielo (de los Filósofos), el Eje del Mundo... el carácter universal de la misma... son indicaciones más que suficientes por sí solas para identificarla por parte de un científico actual, previa profunda meditación, sin duda. Lo realmente asombroso era que, en aquellos tiempos, alguien que no fuese iniciado oralmente pudiese alcanzar comprensión de qué se estaba hablando en los textos... eso sólo podía ser un milagro, una revelación, una gracia de Dios para con esa persona... pero esto, evidentemente, no es sino una forma de hablar para subrayar lo realmente difícil que era poder comprender o identificar el objeto de estudio sin una previa revelación directa proveniente de un maestro verdadero en el Arte... y ello pese a la universalidad del "objeto" a estudiar y a trabajar. «Objeto», pues, que también está en nosotros, ya que es inseparable de cualquier ser creado. Pero claro es que, si se ignora qué es dicha Virtud, es fácil llegar al engaño de que si se te dice que está en ti y que va contigo a todas partes, pensar que es el alma, o la mente, o la psique, o el espíritu, o todos a la vez... pero mire usted, no exactamente... también está en la zapatilla que lleva puesta, en el reloj que luce en su muñeca, en las uñas que recien ha cortado de sus pies... no hay falsedad cuando algunos Autores afirman que el Sabio hasta del estiércol puede elaborar la Piedra Filosofal: tal es la universalidad del objeto de estudio alquímico. Así que es fácil deducir cuán grande puede llegar a ser su poder si se le controla y se le potencia...

Si el physicoi lleva tal fuerza al máximo, se «rompe» el vaso de lo físico, se «desgarra» y se abre una nueva realidad. ¿Cómo llamar a esta nueva realidad? Lo más apropiado es llamarla metafísica (más allá de lo físico)... la cual no es una imaginación en estas circunstancias pero, desde un punto de vista humilde, no deja de ser algo milagroso o sobrenatural... pero un hecho científico, no mágico ni místico ni parecido: un hecho científico por muy extraordinario que nos parezca.

El Arte Real no es Alquimia, aunque use su simbología. En absoluto es Ciencia: es doctrina y, por tanto, cuestión de creencia, de fe... como toda doctrina o confesión religiosa. La Alquimia, como ciencia, hace real lo metafísico con independencia de la voluntad divina: el operante trans-muta por el auxilio de la Naturaleza y sus posibilidades... el Arte Real, si Dios quiere y con su auxilio, ofrece supuestas revelaciones, visiones, poderes psíquicos, etcétera, a su practicante...

El peligro de la ciencia está en que, si se pierde el control de la Fuerza natural que está siendo manipulada, la destrucción física del operante y su entorno más inmediato es inevitable. El peligro del Arte regio no es tan radical, pero no es menos triste: la pérdida de control sobre uno mismo y el hundimiento en las tinieblas de una vida vegetativa, literalmente hablando.

La Filosofía natural persigue el conocimiento y dominio de la Naturaleza; la Filosofía hermética "consiste en el solo deseo de mejor conocer a la divinidad por medio de una contemplación habitual y una piedad santa." (Asclepios, 12 -siglo III d.C.) Quedan, pues, bien marcadas las diferencias: Alquimia y Arte Real son dos cosas bien distintas... si bien convergen, de alguna manera y salvando las distancias, a partir del momento en que se accede, bien por vía externa (ciencia natural), bien por vía interna (arte sacro), a la realidad que, por sobrepasar nuestros sentidos, llamamos metafísica en la primera vía y sobrenatural (o espiritual) en la vía segunda... pues, al fin y al cabo, y según la doctrina hermética, "Dios tiene dos imágenes, el mundo y el hombre." (Asclepios, 10)...

Aprovecharé, para concluir, pues ya he hablado bastante, que yo entiendo la Alquimia como Ciencia; que la metafísica que subyace en mi pensamiento tiene sus raíces en la propia Filosofía natural y en la mitología como apoyo simbólico... y que la considero superior al llamado Arte Real, muchos de cuyos dogmas de fe no comparto en absoluto. Siempre he preferido y preferiré la libertad de la Filosofía a la esclavitud dogmática de cualquier fe, religión o doctrina...

Un saludo.


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