Alquimistas Vulgares versus Filósofos Verdaderos.

Por Filectio - 4 de Septiembre, 2005, 13:29, Categoría: Citas

«Mi querido hijo, después de haberme preguntado con frecuencia [...] si había de dejarte por escrito los grandes misterios de la Cábala de los Sabios [...] he decidido [...] que no podía darte testimonio más claro que el manifestarte, con candidez, sin ninguna parábola y sin oscuros juegos de palabras [sin enredar tu espíritu con todo tipo de consideraciones falsas y superfluas o con similitudes y nombres inventados para designar nuestra materia simple, aunque los Filósofos hagan uso de estas cosas ya para instruir a los Hijos de la Sabiduría, ya para desviar del camino de la verdad a ignorantes y a falsos discípulos], toda la práctica de la verdadera preparación de la Piedra de los Sabios, donde se encuentra la mejor y más alta Ciencia de toda la naturaleza entera [...] pero, antes de entrar en la antedicha materia, necesito mostrarte qué es en realidad la Alquimia, y que diferencia ha de haber entre los alquimistas vulgares y los verdaderos Filósofos.


[...]


Has de saber, hijo mío, que la palabra Alquimia, en lengua árabe, significa Fuego. La Alquimia es una parte muy oculta de la Filosofía natural y la parte más necesaria de la Física, que es la investigación de la Naturaleza; con ella se hace un Arte que no puede compararse a ningún otro, porque enseña a perfeccionar todas las piedras preciosas imperfectas, a conducir los cuerpos humanos afectados por la enfermedad hacia una salud perfecta y a transmutar los metales corporales imperfectos en oro y plata verdaderos. Todo esto se hace con un cierto cuerpo medicinal universal del que todas las medicinas particulares han recibido alguna cosa y este cuerpo medicinal se prepara con el trabajo de las manos, mediante un oculto ingenio y un Arte que únicamente conocen los Hijos de la Verdad.


Aprende, hijo mío, que esta Ciencia es llamada Flor de la Sapiencia, porque aclara el entendimiento humano, lo aguza y, en fin, lo convence por la experiencia de la verdad. Todavía en nuestros días quedan muchos testimonios por declarar. Esta Ciencia admirable de la Alquimia natural muestra al intelecto humano una vía con la que se puede comprender, de manera viva y por efecto de una profunda investigación, de qué manera penetran todas las cosas en las potencias y virtudes divinas, y cómo subsisten en ellas.


Aunque en mi discurso te hable mucho de Alquimia, no me refiero a aquella que se practica vulgarmente en nuestros días. Pongo en claro una gran diferencia entre la que se practica comúnmente y aquella otra que es propia de los Filósofos, distingo entre aquellas operaciones de los alquimistas contemporáneos y aquellas de los Hijos de la Ciencia. Por eso, y a fin de que no te equivoques en un asunto tan grave, te prohíbo toda frecuentación con los falsos discípulos del Arte, que dan recetas variadas.


Voy a hablar de los alquimistas vulgares: en efecto, éstos no cesarán de desviarte de la verdadera vía, que yo te muestro, con objeto de seducir y dar ocasión para que te adhieras a sus opiniones falsas y a sus locas imaginaciones. Sabe pues que la diferencia entre los verdaderos Filósofos y los alquimistas vulgares es tan grande como la que hay entre el día y la noche, y esa diferencia se ve bien en esto: que no se ha de tomar más que una sola y única cosa para preparar la Piedra de los Filósofos. Los alquimistas vulgares, por el contrario, pretenden tomar muchas materias distintas con la esperanza de alcanzar así el objeto de sus deseos. Los verdaderos Filósofos realizan su Obra con tiempo, sin gastos y operan en silencio con un solo vaso, un solo horno, y una sola materia, o dos (que sin embargo son de la misma naturaleza).


Los alquimistas vulgares trabajan con muchos esfuerzos, con grandes gastos, con todo tipo de hornos y de fuegos y con una multitud de materias diferentes; en suma, que si Dios Todopoderoso lo creó todo de la nada, los alquimistas vulgares, del todo hacen nada. Los Alquimistas verdaderos, por el contrario, imitando a la Naturaleza, y con una pequeña cantidad de su materia, realizan grandes cosas.


Aún podría decirte muchas más cosas acerca de los alquimistas vulgares, pero esto bastará para demostrarte que habrías de estar completamente privado de sentido si después de estar en posesión de la más alta Ciencia, que te muestro en este tratado, quisieras seguir el método de aquellos que respecto a esta sublime Ciencia, están ciegos e ignorantes, o si hablaras de estas cosas con ellos. Por otra parte, solamente he escrito este capítulo con la intención de enseñarte en qué consiste la excelencia de la verdadera Alquimia natural.


Con esta comparación descrita entre el verdadero Filósofo y el alquimista vulgar sólo pretendo hacerte saber que siempre encontrarás la verdadera Ciencia próxima a los verdaderos Filósofos, pero cerca de los alquimistas vulgares sólo encontrarás ignorancia y tristeza



De «Instrucción de un Padre a su Hijo acerca del Árbol Solar»

Anónimo.


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