Falsa idea de Transmutación = Falsa Piedra Filosofal.

Por Filectio - 19 de Septiembre, 2005, 1:45, Categoría: Reflexiones

18 de Noviembre del 2005: Después de una serie de decepciones (como la promesa de una promoción que no ha sido cumplida por parte de los responsables de egrupos y elistas) con el servicio de Zoomblog y servicios relacionados, y tras casi un mes y medio de espera de la solución de los mismos (tiempo durante el cual no he escrito, como bien sabéis), los cuales había hecho saber en el foro al efecto para comunicar con los responsables de este servicio... he decidido abandonar Zoomblog y continuar mis escritos en la comunidad de Opera donde, entre otros beneficios, no tengo publicidad. No sólo se trata de una promesa incumplida, también está el hecho de que no puedo postear más que con IE o con el FF... el editor de texto que aparece en el Opera, que es mi navegador por defecto, no funciona en estos servicios... antes salía un editor plano, es decir, que tenía que incorporar el código html, pero no era problema... pero ahora POR NARICES, se tiene que usar el editor wisiwyg... el cual no funciona en Opera.

Pues nada: me traslado. Mi nueva dirección:






Aún no he tenido ocasión de ofrecer mi concepto de Transmutación, basado en la propia etimología de la palabra y en su fonética... y tampoco ahora es el momento apropiado. Ahora voy a comentar uno de los escenarios teóricos de la transmutación a partir de los árabes hasta casi la actualidad.

De la Filosofía natural se desprende una certeza científica: el cambio de un metal en otro es posible... en realidad, es posible cambiar una cosa en otra bien distinta, incluso en su contraria. La cuestión era: ¿cómo hay que proceder?

Aquí se habrían varias posibilidades, en realidad, se habrían tantas posibilidades como la imaginación sea capaz de recrear. Una era la de las aleaciones. Así, por ejemplo, teníamos que el cobre, por ejemplo, era un metal muy blando, dúctil y maleable... al igual que sucedía con el estaño. Sin embargo, al unir (matrimonio), al alear cobre (Venus) y estaño (Júpiter) obteníamos otro metal (hijo) que era muy superior, increíblemente más duro y resistente que sus "padres": el bronce. Así, haciendo analogía de este proceso, unos imaginaron que el oro se podría fabricar si se daba con la aleación correcta, los metales adecuados en su adecuada proporción... no es difícil imaginar que así nació el latón (Aristóteles relata que en el país de los mesinoquios, en la costa sudoriental del mar Negro, aparece un metal que se puede fundir juntamente con el cobre, siguiendo un procedimiento mantenido en secreto. Evidentemente, el metal secreto es cinc y la aleación que Aristóteles describe como «brillante e inalterable como el oro, del que no se distingue en el color, sino sólo en el olor», es latón.) Esta vía, llamada de las aleaciones, pese a su evidente error, pues es imposible fabricar un metal a partir de la aleación de otros distintos, aún es seguida hoy día por algunos y está en la base de lo que llaman "vía seca" que, personalmente, yo llamaría mejor vía muerta... pues el fuego, y esto no sólo lo decían los Autores verdaderos, también lo dice la física actual y yo mismo lo he experimentado; el fuego de "carbonero" SIEMPRE, y de forma inevitable, destruye el "ánima" del metal, que queda inerte y sin virtud: "muerto". En el caso del hierro puro, esta "muerte" definitiva se produce cuando se superan los 750 - 780ºC. Y ahora que recuerdo, una anécdota al hilo de lo que decía Aristóteles: si la costa del Mar Negro era también la meta de los Argonautas del mito troyano... ¿Perseguían éstos un tesoro de latón? ¿Es posible que se llegara a la coacción, a la traición, al robo, al asesinato y a la venganza sangrienta por un montón de latón?...

Había más posibilidades de enfrentar el problema técnico de la transmutación, que quizás aborde en un futuro mensaje, pero la que más se impuso hasta hoy entre los que no comprenden el proceso físico y están perdidos en la química es una mezcla de la técnica de los tintoreros (la piedra filosofal será llamada Tintura) y de los vidrieros (la piedra filosofal será llamada Gema preciosa, Rubí). Como no tengo tiempo de explayarme como he hecho anteriormente con el tema de las aleaciones, relataré brevísimamente el proceso de coloración (¿acaso el cambio de color, se nos dice, no implica ya un cambio de naturaleza?) del vidrio, proceso mediante el cual los vidrieros egipcios "fabricaban" gemas preciosas: esmeraldas (vidrio verde), lapislázulis (vidrio azul), alabastros (vidrio blanquecino)... rubís (vidrio rojo). Elaborar, para ellos, rubís gracias a su arte era así (grosso modo):

Se fundía el vidrio y se esperaba a que alcanzara un calor uniforme toda la masa amén de una fluidez más allá de la viscosidad. Entonces, el Sacerdote "vidriero" "proyectaba" sobre el ardiente líquido algo casi invisible, unos "polvos mágicos" a ojos del profano: ¡¿Cómo era posible que toda aquella masa de límpido y transparente cristal se hubiese convertido en un maravilloso rubi?! La pizca de polvo que se había "proyectado" sobre el vidrio fundido era una pizca de polvo de oro finísimo... Gerardin se pregunta: «¿El vidrio que resulta de esta coloración, todavía es vidrio o ya es rubí? Este tipo de reflexión probablemente se sitúa en los orígenes de la alquimia, algunos siglos antes de nuestra era.»

Si, en el relato anterior, sustituimos convenientemente los "protagonistas", estaremos ante un típico relato de transmutación... y si no, aquí la prueba:

Se funde el metal (vidrio) hasta que todo él está fluido. Entonces, el Adepto "proyecta" sobre el metal un "grano" de piedra filosofal (el oro de los vidrieros, bueno, "nuestro oro" diría el alquimista) y, oh maravilla, tan pequeña cantidad convierte en oro más fino que el natural todo el metal...

La pregunta es: ¿oro tan fino y natural como el rubí de nuestro artesano vidriero? La reflexión es vuestra.

Por mi parte decir que ya he dado a entender en otros mensajes de qué va, realmente, la transmutación, si bien abordaré su definición en un futuro próximo. Mi intención en este mensaje es, realmente, invitar al lector a reflexionar para discernir, en según qué textos, lo verdadero de lo falso (imaginado y/o especulado)... las teorías más acertadas (pocas en la literatura alquímica) de las más radicalmente equivocadas (legión)...


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Apunte sobre el Arte Real (ars regia)

Por Filectio - 16 de Septiembre, 2005, 13:58, Categoría: Hermética

El tema del Arte Sagrado de las tradiciones religiosas como secreto subyacente bajo la simbología alquímica, al que entonces se le llama Arte Real (ars regia), es origen de un debate encarnado entre los que aceptan esta visión y los que no.

Como ejemplo de esto, traigo a colación dos visiones bien distintas:

Lucien Gerardin: El Arte Real.

Titus Burckhardt: El Arte Real.

Reinhard Federmann, por su parte, dice, relacionado con este tema: «También para los primeros alquimistas, los griegos de Alejandría, el oro era ciertamente algo tangible, algo material. Pero al mismo tiempo, en su búsqueda de un sistema para producir artificialmente oro, se convirtieron paulatinamente en una especie de escuela teológica oculta. Trataron de amalgamar la filosofía naturalista griega, la técnica egipcia y la astrología y astronomía babilónicas con la metafísica judeocristiana y encontrar así un camino para llegar hasta los orígenes de la existencia y la razón de las cosas.

Buscaron el oro interior y lo encontraron en la perfección humana. El punto de partida de esta nueva concepción científica por parte del alquimista fue el convencimiento de que Dios sólo confiaría el secreto a quien hubiera alcanzado el más alto grado de perfección humana.

En el mundo de los símbolos que entonces se crearon –la serpiente que se muerde la cola, el león rojo y verde, el monocerote, el hermafrodita, criatura perfecta por llevar en sí caracteres masculinos y femeninos, el ave fénix que resurge de sus cenizas, el dragón que ha de ser sacrificado para convertirse en un ser superior–, los alquimistas obtuvieron una victoria y sufrieron una derrota.»


Obsérvese que L.Gerardin no niega la existencia de tal Arte Regio, pero no lo reconoce como ciencia, como Alquimia propiamente dicha; que T.Burckhardt rechaza la idea de la Alquimia como ciencia empírica, es toda ella Arte Real (o casi); y que R.Federmann no se complica, sencillamente reconoce que hay una alquimia científica, empírica, y una alquimia de fe, de creencias doctrinales, a partir de la época alejandrina... significando, esta última, una victoria (moral) y una derrota (científica), ya que con ella el progreso científico inicial se extinguió ahogado en oraciones, astrologías, conjuros, magias, supersticiones... es lo que calificará Fulcanelli de «¡Anatema y maldición!» en su capítulo del Laboratorio legendario. Un Fulcanelli que no acepta a Paracelso como verdadero alquimista, como digo aquí, y que no dedicará ni una línea de sus obras, de forma directa, a este llamado Arte Real... lo condenará sutilmente, cuando analice y rechace las sociedades rosacrucianas en Las Moradas Filosofales...

Estamos, casi sin darnos cuenta, en uno de los más gruesos nudos gordianos que sellan la puerta de entrada al laboratorio verdadero de la Alquimia. Los cerrojos de esa puerta son, esencialmente, los siguientes: creer que la Alquimia es una ciencia química, bajo cualquiera de sus formas; creer que la Alquimia es sólo espiritual, bajo cualquiera de sus formas. Sin embargo, dado el carácter universal del Andrógino, ambos errores no sellan per aeternitas el acceso... pero sería, como decían los antiguos Autores, cuestión de revelación divina, de una gracia de Dios que los iluminara y sacara de su error para orientarlos en la dirección correcta... Los antiguos filósofos naturales (physis, naturaleza), desarrolladores de las teorías de la materia prima, los cuatro elementos, el par de fuerzas opuestas y antagónicas, etcétera, eran llamados physicois, es decir, Físicos... y sus teorías se confirman experimentalmente no sobre una materia en concreto (al menos no necesariamente), sino sobre una Fuerza, que llamarán Virtud, de carácter absolutamente universal. Georges Ranque, en su libro La Piedra Filosofal, la llamará Energía misteriosa; no deja de ser curioso, desde mi punto de vista, que siendo Ranque un científico, no se diese cuenta de qué tipo de fuerza es el objeto de estudio de la antigua alquimia como ciencia. El Sol, la Luz, la Luna, el Cielo (de los Filósofos), el Eje del Mundo... el carácter universal de la misma... son indicaciones más que suficientes por sí solas para identificarla por parte de un científico actual, previa profunda meditación, sin duda. Lo realmente asombroso era que, en aquellos tiempos, alguien que no fuese iniciado oralmente pudiese alcanzar comprensión de qué se estaba hablando en los textos... eso sólo podía ser un milagro, una revelación, una gracia de Dios para con esa persona... pero esto, evidentemente, no es sino una forma de hablar para subrayar lo realmente difícil que era poder comprender o identificar el objeto de estudio sin una previa revelación directa proveniente de un maestro verdadero en el Arte... y ello pese a la universalidad del "objeto" a estudiar y a trabajar. «Objeto», pues, que también está en nosotros, ya que es inseparable de cualquier ser creado. Pero claro es que, si se ignora qué es dicha Virtud, es fácil llegar al engaño de que si se te dice que está en ti y que va contigo a todas partes, pensar que es el alma, o la mente, o la psique, o el espíritu, o todos a la vez... pero mire usted, no exactamente... también está en la zapatilla que lleva puesta, en el reloj que luce en su muñeca, en las uñas que recien ha cortado de sus pies... no hay falsedad cuando algunos Autores afirman que el Sabio hasta del estiércol puede elaborar la Piedra Filosofal: tal es la universalidad del objeto de estudio alquímico. Así que es fácil deducir cuán grande puede llegar a ser su poder si se le controla y se le potencia...

Si el physicoi lleva tal fuerza al máximo, se «rompe» el vaso de lo físico, se «desgarra» y se abre una nueva realidad. ¿Cómo llamar a esta nueva realidad? Lo más apropiado es llamarla metafísica (más allá de lo físico)... la cual no es una imaginación en estas circunstancias pero, desde un punto de vista humilde, no deja de ser algo milagroso o sobrenatural... pero un hecho científico, no mágico ni místico ni parecido: un hecho científico por muy extraordinario que nos parezca.

El Arte Real no es Alquimia, aunque use su simbología. En absoluto es Ciencia: es doctrina y, por tanto, cuestión de creencia, de fe... como toda doctrina o confesión religiosa. La Alquimia, como ciencia, hace real lo metafísico con independencia de la voluntad divina: el operante trans-muta por el auxilio de la Naturaleza y sus posibilidades... el Arte Real, si Dios quiere y con su auxilio, ofrece supuestas revelaciones, visiones, poderes psíquicos, etcétera, a su practicante...

El peligro de la ciencia está en que, si se pierde el control de la Fuerza natural que está siendo manipulada, la destrucción física del operante y su entorno más inmediato es inevitable. El peligro del Arte regio no es tan radical, pero no es menos triste: la pérdida de control sobre uno mismo y el hundimiento en las tinieblas de una vida vegetativa, literalmente hablando.

La Filosofía natural persigue el conocimiento y dominio de la Naturaleza; la Filosofía hermética "consiste en el solo deseo de mejor conocer a la divinidad por medio de una contemplación habitual y una piedad santa." (Asclepios, 12 -siglo III d.C.) Quedan, pues, bien marcadas las diferencias: Alquimia y Arte Real son dos cosas bien distintas... si bien convergen, de alguna manera y salvando las distancias, a partir del momento en que se accede, bien por vía externa (ciencia natural), bien por vía interna (arte sacro), a la realidad que, por sobrepasar nuestros sentidos, llamamos metafísica en la primera vía y sobrenatural (o espiritual) en la vía segunda... pues, al fin y al cabo, y según la doctrina hermética, "Dios tiene dos imágenes, el mundo y el hombre." (Asclepios, 10)...

Aprovecharé, para concluir, pues ya he hablado bastante, que yo entiendo la Alquimia como Ciencia; que la metafísica que subyace en mi pensamiento tiene sus raíces en la propia Filosofía natural y en la mitología como apoyo simbólico... y que la considero superior al llamado Arte Real, muchos de cuyos dogmas de fe no comparto en absoluto. Siempre he preferido y preferiré la libertad de la Filosofía a la esclavitud dogmática de cualquier fe, religión o doctrina...

Un saludo.


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La Alquimia de Fulcanelli

Por Filectio - 13 de Septiembre, 2005, 0:09, Categoría: Estudios

Fulcanelli, con independencia de quién o quienes estaban detrás del seudónimo, consiguió, con sus dos obras (El Misterio de las Catedrales y Las Moradas Filosofales), atraer la atención de propios y extraños (entre los que me incluyo, como relato aquí) sobre la existencia de una ciencia desclasificada como tal desde el siglo XVIII y archivada entre los disparates de los antiguos: la Alquimia.

Pero mi intención en este mensaje no es comentar aspectos dudosos tanto del personaje como de su obra escrita, sino que mi intención es la del asunto: analizar única y exclusivamente su idea definitoria de Alquimia.

Siguiendo a Pernety, Fulcanelli distingue, básicamente, dos alquimias: una verdadera y otra falsa. La «originalidad» de Fulcanelli con respecto a Pernety estriba en que Fulcanelli llama verdadera a la esotérica y falsa a la exotérica; la primera es del dominio de los iniciados en el lenguaje alquímico y en el objeto verdadero de su estudio, en tanto que la segunda es de dominio público y está fundamentada sobre operaciones químicas o de carácter prequímico. La primera es de los Filósofos y la segunda de los sopladores. Ambas usan el mismo lenguaje. De esta manera, resulta que el aspecto externo de un Tratado es puramente químico, por regla general, si bien expresado al modo simbólico y alegórico de los antiguos, y es la tela de araña que atrapa a los profanos e ignorantes, que no pueden dejar de ver un tratado químico y, más concretamente, una receta o fórmula química que promete fabricar oro y salud a raudales y a mansalva... el iniciado, por el contrario, conocedor del objeto verdadero de la Alquimia, entenderá dicho Tratado de forma harto distinta, mediando entre ambas visiones un auténtico abismo, tal es la diferencia entre lo aparente y lo real oculto tras la susodicha apariencia.

Lo más importante de esta visión generalizada de su pensamiento que acabo de resumir es que, en tanto que la verdadera es sólo una, a la que llama Alquimia pura Tradicional, la falsa es múltiple. Todas las falsas tienen una característica común: son lo que entendemos química, en tanto que la verdadera no es, en absoluto, química: «Repetiremos, por última vez, que de todas las operaciones benévolamente descritas en estas páginas, ninguna se relaciona, de lejos o de cerca, con la alquimia tradicional, y ninguna puede ser comparada a las suyas. Muralla espesa que separa las dos ciencias, obstáculo infranqueable para aquellos que están familiarizados con los métodos y las fórmulas químicas. No queremos desesperar a nadie, pero la verdad nos obliga a decir que ésos no saldrán jamás de los caminos de la química oficial, aunque se entreguen a las investigaciones espagíricas. Muchos modernos creen, de buena fe, apartarse resueltamente de la ciencia química porque explican sus fenómenos de una manera especial, sin emplear, no obstante, otra técnica que la de los sabios varones a los que hacen objeto de su crítica. Hubo siempre, por desdicha, errabundos y engañados de ese tipo, y para ellos, sin duda, Jacques Tesson escribió estas palabras llenas de verdad: "Los que quieren hacer nuestra Obra mediante digestiones, destilaciones vulgares y sublimaciones semejantes, y otros por trituraciones, todos ellos están fuera del camino, sumidos en gran error y dificultad, y privados para siempre de conseguir su objetivo, porque todos esos nombres y palabras y maneras de operar son nombres, palabras y maneras metafóricos."» Es fácil, pues, inducir al lector a hacerle pensar que la Alquimia verdadera es exclusivamente una realización espiritual, una práctica mística... y si bien es cierto este aspecto ineludible de la Alquimia verdadera, no menos cierto es que dicho logro místico es inducido por una especial manipulación, por el perfeccionamiento intrínseco de una virtud universal inherente en todo lo creado: desde la más triste piedra al más sabio de los hombres... Fulcanelli, en otros puntos de su obra, da a entender en qué consiste la práctica verdadera, pero nunca la dirá, sólo la dejará entrever... pero al igual que advierte de que en absoluto tiene que ver con la Química, igual advierte, insistentemente en toda la obra, que es una Ciencia positiva, es decir, experimental y, por lo mismo, sujeta a leyes empíricas y sujeta, por tanto, a la evolución y desarrollo propio a toda ciencia, como lo es la Química.

¿Y cuáles son esas alquimias falsas, aparte su carácter químico? Fulcanelli diferencia, esencialmente, dos: la Espagiria y la Voarchadumia a la que también llama Arquimia. Me remito a sus definiciones.

Para Fulcanelli, la Espagiria es la antepasada verdadera de la Química oficial y constituye, además, la alquimia exotérica propiamente dicha. Esto no es de extrañar, dado que, como bien indica Pernety, la Filosofía natural Espagírica es, hablando con propiedad, la misma que la Filosofía natural Hermética... bajo esta identidad de principios de la filosofía natural antigua, pues, resulta fácil ocultar procesos de alquimia verdadera bajo procesos, no necesariamente falsos ni mucho menos, de naturaleza espagírica, es decir, de química o sopladores... de ahí, afirma nuestro autor, que por una falta de penetración y conocimiento, tantos estudiosos de la historia alquímica no hayan podido o sabido diferenciar esta característica de los textos herméticos (cerrados), y hayan afirmado, erróneamente, que la Alquimia es la antepasada de la actual Química, cuando, en realidad, una y otra no se parecen en nada, ni en sus principios ni, sobre todo, en su práctica o modus operandi.

La diferencia que Fulcanelli establece entre Espagiria y Voarchadumia estriba, básicamente, en que la primera trabaja con todo tipo de materiales, de los tres reinos; en tanto que la Voarchadumia o Arquimia trabaja única y exclusivamente con materiales del reino mineral. Otra diferencia básica es que la segunda sólo persigue la transmutación metálica, siendo ésta su único horizonte y fin.

Esto último implica una sorpresa: según Fulcanelli, lo que la gente entiende comúnmente por Alquimia es, en realidad, Voarchadumia, pues así define esta última: «... la arquimia o voarchadumia, parte de la ciencia que enseña la trasmutación de los metales unos en otros...» ¡Pues esto es lo que Paracelso entendía por Alquimia!: «La Alquimia es una ciencia que enseña a cambiar los metales de una especie en metales de otra especie.» (en El Cielo de los Filósofos). Así, pues, siguiendo el pensamiento de Fulcanelli, Paracelso no era un alquimista, sino un voarchadumista... no es casual, evidentemente, esta coincidencia en las definiciones: Fulcanelli no quiso arremeter contra Paracelso abiertamente, pero es evidente que no lo consideraba no ya un Adepto, ni siquiera un alquimista verdadero... (algo en lo que coincidimos más de uno)

Entonces, volvemos al asunto de este mensaje, ¿cómo define, en pocas palabras, Fulcanelli a la Alquimia?... Pues he aquí su definición: «la permutación de la forma por la luz, fuego o espíritu». Una interesante definición que, dicho sea de paso, está perfectamente acorde con el objeto de estudio de la verdadera alquimia y que, cosas del autor, jamás dirá abiertamente a qué campo científico pertenece: si bien deja muy claro que todo lo que sea químico es una vía muerta (falsa) y da a entender constantemente que todo lo que sea exclusivamente espiritual, es tan errado como lo químico... o casi. Alcanzado este punto de mi mensaje, y a fin de ir terminándolo, observemos los siguientes detalles:

1 - Fulcanelli no usa el término Transmutación, sino el de Permutación.
2 - No habla de Materia (plomo, mercurio, metal, etc), sino de Forma.
3 - La Luz es el agente de tal permutación.
4 - Que esta Luz es elementaria, natural (luz-fuego, permutación de la forma material) y sobrenatural (luz-espíritu, permutación de la forma espiritual, del operante mismo). (Aquí hay más opciones de interpretación, me he limitado a ofrecer una de las posibles)


Y hasta aquí. Quizás vuelva sobre esto último más adelante, pues da para mucho lo que implica. Si olvido retomarlo, pues que alguien me lo recuerde. ;-)


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A los esclavos de la letra...

Por Filectio - 12 de Septiembre, 2005, 20:03, Categoría: Citas

«Id, marchaos, vosotros que buscáis con extremada aplicación, vuestros diversos colores en las redomas de vidrio. Vosotros, que fatigáis mis oídos con vuestro cuervo negro, estáis tan locos como aquel hombre de la antigüedad que tenía la costumbre de aplaudir en el teatro, aunque estuviera solo en él, porque siempre se imaginaba tener ante los ojos algún nuevo espectáculo. Lo mismo hacéis vosotros, cuando, vertiendo lágrimas de gozo, os imagináis que veis en vuestras redomas la blanca paloma, el águila amarilla y el faisán rojo. Id, os digo, y alejaos de mí, si buscáis la piedra filosofal en una cosa fija; pues ésta no penetrará los cuerpos metálicos más de lo que podría penetrar el cuerpo humano las más sólidas murallas...»

De «Le Chemin du ciel chymique», del alquimista Jacques Tollius, que fuera filólogo y catedrático de la Universidad de Duisbourg.


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«Blanquea el latón y quema tus libros»

Por Filectio - 12 de Septiembre, 2005, 0:20, Categoría: Reflexiones

El asunto de este mensaje, probablemente, sea familiar a más de uno que me lea: era una frase bastante habitual entre los buenos Autores medievales y Fulcanelli la hizo popular al referirla en su libro El Misterio de las Catedrales.

Bien, pues me voy a permitir el contrastarla con un pequeño fragmento de un texto de Ciencia Sagrada (esta expresión la uso en el sentido de René Guénon y Titus Burckhardt (Tradición sagrada universal)... para la Alta Alquimia suelo utilizar la expresión hermética: Ciencia divina); concretamente, leemos en el Avatamsaka Sutra:

«Es como un pobre hombre contando día y noche tesoros que no le pertenecen, cuando en realidad no posee ni una sola moneda. Lo mismo sucede con el «gran saber». Durante algún tiempo podéis leer libros, pero cuidad de dejarlos a un lado en cuanto sea posible. Si no lo hacéis, caeréis en el hábito de no aprender más que letras.»

Lo dejo a vuestra personal reflexión.


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